Las pruebas de medicina nuclear consisten en administrar un radiofármaco —una molécula sin efecto farmacológico unida a una pequeña cantidad de sustancia radiactiva— que se distribuye por el organismo y se fija en tejidos u órganos para obtener imágenes con equipos SPECT‑TC o PET‑TC. El paciente puede requerir ayuno previo, debe informar si está embarazada, amamantando o toma medicación, y tras recibir el radiofármaco se espera un tiempo antes de realizar las imágenes. Son estudios seguros, con muy baja radiación y escasas reacciones adversas, aunque se evitan en el embarazo salvo casos especiales. Tras la prueba, se pueden retomar actividades normales, beber abundante agua y evitar contacto estrecho con embarazadas o niños durante 24 horas. Los resultados serán interpretados por un especialista y enviados al médico que solicitó la prueba.